| BREVE RESEÑA HISTÓRICA DE LA ANESTESIA EN COLOMBIA |
| Es
conocida en la literatura mundial la utilización del curare
en las puntas de las flechas de los indígenas suramericanos
para producir la muerte a los animales de caza y a los enemigos,
sustancia cuyos efectos fueron descritos en Europa en el siglo XVI
y aplicada en la anestesia como base de algunos relajantes musculares.
La fuente de curare era Chondrodendum tomentosum, que crecía
en el nacimiento del río Amazonas. Otras plantas utilizadas
en Colombia por los indígenas eran el Eritroxilon coca, fuente
de cocaína; el borrachero, fuente de atropina, hioscina y
escopolamina, utilizados como amnésicos en la Sierra Nevada
de Santa Marta y en el sur del país.
En el siglo XIX se utilizaban como anestésicos el alcohol a grandes dosis por vía oral, mandrágora, cáñamo índico y opio. En esa misma época comienzan a aparecer referencias de cirugías practicadas bajo el efecto de éter y cloroformo en 1864 y 1875 en Bogotá, y en 1880 en Medellín. En 1866 el doctor Nicolás Osorio trajo a Colombia las primeras jeringas hipodérmicas. En 1880 se practicaron las primeras transfusiones sanguíneas realizadas por los doctores José Uribe y Juan David Herrera. El óxido nitroso fue introducido en 1885 por el doctor Lázaro Restrepo en el departamento de Antioquia. Hay publicaciones en el periódico de la sociedad de Medicina y Ciencias Naturales sobre el curare, la coca, el opio y el hidrato de cloral. Hay varias tesis de grado dedicadas a la anestesia o a los anestésicos. En la del doctor Teodoro Castrillón, "Contribución al estudio de la anestesia en las alturas. Contraindicación del cloroformo en la altiplanicie de Bogotá", en 1891, contraindica el uso de cloroformo en la altiplanicie de Bogotá por estar disminuida la presión parcial de oxígeno y recomienda adicionar oxígeno al aparato de dar cloroformo. El doctor José Joaquín Azula llamó a su tesis "Anestesia General" en 1895, dedicada a la anestesia con cloroformo, sus efectos fisiológicos sobre la circulación, respiración, temperatura, y afirma que durante la anestesia la sangre se empobrece de oxígeno y ácido carbónico. Azula enuncia en su tesis algunos principios para la reanimación cardiorrespiratoria como la respiración artificial y la aplicación de una máquina eléctrica cuyos reóforos se colocan en el lugar correspondiente a los nervios frénicos. Entre las causas de accidentes anestésicos señala las afecciones orgánicas preexistentes , el estado nervioso, el abuso de alcohol, la repleción del estómago, la estación vertical o sentada, la mala dirección de las inhalaciones, la pérdida de sangre y excitación dolorosa.
En comienzos del siglo XX, la anestesia en Colombia tuvo un gran auge con la fundación del Hospital San José en 1903, hecho que incrementó la cirugía y por consiguiente la actividad anestésica, aunque la mortalidad era del 7%. En el mencionado hospital se creó la primera escuela de anestesiología, se probó que el clima y la altitud de Bogotá no eran inadecuados para la actividad anestésica; en 1905 se realizaron las primeras raquianestesias ; en 1907 en Manizales se implantó definitivamente la práctica de la anestesia clorofórmica, la anestesia local con cocaína, estovaína, y novocaína, en el departamento del Cauca se utilizaba cloroformo, éter y óxido nitroso, y se inició el uso de la inducción endovenosa con escopolamina y morfina. En Medellín se daba anestesia general con éter y cloroformo, y raquianestesia con estovaína, con una incidencia de cefalea del 90%. En esa misma ciudad se utilizaba la anestesia rectal con éter disuelto en aceite de olivas, lo que producía cólico, vómito y diarrea como efectos secundarios. A pesar de los avances, la anestesia era administrada por personajes como porteros de hospitales, monjas, enfermeros y estudiantes de medicina, todos con las instrucciones impartidas por el cirujano. No había succionadores, no se practicaba la monitoría, excepto la palpación del pulso en casos de muerte inminente, y no se administraban líquidos endovenosos, de acuerdo con la información suministrada por el doctor Juan Marín, y la anestesia general inhalatoria se administraba con el Ombrédanne, una esfera metálica para suministrar éter y aire. A comienzos de la década del 30 Gonzalo Esguerra y Hernando Matallana trajeron de USA una máquina Heidbrink a la clínica Marly para dar etileno. El doctor Juan Martínez fue el primero en practicar la intubación endotraqueal en esa misma clínica, con una lámpara frontal y un bajalenguas, con una sonda rectal recortada en bisel, como había visto en una revista. Después llegaron más aparatos Heidbrink al Hospital San Juan de Dios de Bogotá. En 1940 se realizaron las primeras intubaciones endotraqueales con laringoscopio por el doctor Hernando Martínez del hospital San Juan de Dios. En 1941 llegó al mismo hospital el primer anestesiólogo de escuela, el doctor Juan J. Salamanca, formado en el Massachusetts General Hospital. |
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